miércoles, 23 de enero de 2013

[alai-amlatina] La nueva Venezuela necesita de una nueva comunicación

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La nueva Venezuela necesita de una nueva comunicación

Aram Aharonian

ALAI AMLATINA, 23/01/2013.- Venezuela asiste a la consolidación de una
nueva identidad política, el chavismo, que trata de definir desde sus
consensos internos hasta sus diferencias con los adversarios, y a
construir un nuevo relato de país, la nueva narrativa de identificación
popular –superando definitivamente el del puntofijismo- y señas
identificatorias propias.

Las nuevas realidades imponen nuevas estrategias y tácticas y también
políticas que mantengan unido el cuerpo social, habida cuenta del
fracaso sistemático de la (falta de) política comunicacional. Hay que
repensar, desde el chavismo, la forma de información y de comunicación.

El riesgo de desaparición física (o de accionar político directo de
Chávez) parece ser oportunidad para abordar desde el chavismo el
postergado debate de articular un liderazgo más colectivo donde diversas
figuras compartan la vocería mediática. Y para definir una política
informativa, teniendo en cuenta que, entre otras herramientas
comunicacionales, seguramente llegue a su fin el Aló Presidente.

La nueva etapa comenzó el 8 de diciembre, cuando Hugo Chávez presentó
–según palabras del sociólogo Javier Biardeau– su "testamento político",
y cambió la política comunicacional oficial y el manejo sobre la salud
del Presidente.

Pero, ¿y la oposición? Hasta ahora, la mayoría de los medios de
comunicación comerciales han manejado con un alto grado de
irresponsabilidad y perversión la salud de Chávez y la situación
institucional del país.

Pese a que las nueva realidad del país impone nuevas estrategias y
tácticas, nuevos lenguajes y protagonistas, en el futuro previsible los
medios privados prolongarán seguramente sus políticas, sus posiciones,
su escogencia de temas y de tratamientos, comportándose como actores
políticos y actores con intereses financieros. Son corporaciones
mediáticas, no les interesa la sociedad, la realidad y mucho menos la
verdad.

Los acontecimientos que se sucedieron en los primeros días de enero
parecen haber consolidado tanto el chavismo -por un lado- como la
espiral de odio y violencia que se ha apoderado de la oposición, sobre
todo en la mayoría de los medios privados, que han mantenido desde el
2001 mensajes y códigos invariables que intentan suplantar a los
partidos por los propios medios, y en que éstos asuman paulatinamente
los poderes del Estado.

Como difusores de los puntos de vista de propietarios y anunciantes, es
improbable que los medios privados modifiquen su mensaje mientras los
gremios patronales no cambien su política, es decir, sus intereses, que
apuntan al control total del Estado a través de sus circuitos
comunicacionales o de políticos manejados por éstos, señala Luis Britto
García.

¿Cómo informarán los medios privados de los planteamientos
institucionalistas surgidos desde algunos de los principales voceros de
la oposición? ¿Los invisibilizarán?

El reordenamiento político

En Venezuela se ha venido produciendo una reordenación del campo
político en torno a la figura del presidente Hugo Chávez, superando la
conexión directa y la identificación cuasi religiosa entre el líder y
buena parte del pueblo.

Muchos siguen declamando sobre el carácter religioso del liderazgo de
Chávez y el endiosamiento por parte de sus seguidores, pero muy poco se
ha dicho sobre ese extraño fenómeno psicológico de sus detractores que
lo ha convertido en el propio Mefistófeles, explicación "científica" de
todas las calamidades del país y responsable de todos los vicios de
nuestra política, señala el opositor Leopoldo Puchi.

La grave enfermedad crea ansiedad y desequilibrios en el cuerpo social,
más aún si se trata de un liderazgo que ha removido las aguas del
conflicto social venezolano y en el que se sienten representados vastos
sectores populares. La carga emocional, no puede ser ignorada y esta
delicada situación política debió y debe manejarse con suma
responsabilidad y sensatez por los círculos dirigentes.

Sin embargo, es perturbador que la Conferencia Episcopal abriera el
fuego hablando de "una interpretación acomodaticia de la Constitución" y
anunciando, como consecuencia, un escenario de violencia. La Iglesia
perdió otra oportunidad de jugar un papel de mediación política, como
sostén a las instituciones

También hubo apresuramiento desde el oficialismo, hablando de un
criterio de continuidad antes de que se expidiera el Tribunal Supremo de
Justicia, e, incluso, sembrando dudas sobre la obligatoriedad de
convocar a elecciones, en caso de falta absoluta.

Son lamentables expresiones –y campañas- surgidas del antichavismo
nacional e internacional, ya que en ningún caso la sentencia puede ser
catalogada de "convalidación de una usurpación", como si la oposición
hubiese sido despojada abusivamente de un poder que le perteneciera por
derecho. Hasta la OEA sabe que es imposible sustentar que el chavismo
sigue en el poder porque ha dado un golpe de Estado: acaba de ganar las
elecciones presidenciales del 7 de octubre y las de gobernadores en
diciembre.

La derecha regional e internacional aparece con mucha más capacidad de
percepción política, más consciente del peligro que supone Chávez, el
chavismo y la actual Venezuela. El uso sistemático del «latifundio
mediático» a su servicio para desprestigiar a Venezuela es el mejor
exponente.

En la última década se han producido hechos relevantes, como que grandes
mayorías dejaran de ser objeto de política para pasar a ser sujetos de
política y, a la vez, una mayoría –ninguneada, invisibilizada por más de
dos siglos- hoy empoderada y consciente que, como ciudadanos, tienen
derechos, los mismos que les fueron usurpados durante décadas.

Esto habla a la vez de la construcción –parcial, paulatina- de una
identidad nacional (más allá de las regionales) junto una creciente
autoestima, lo que va logrando la descolonización del imaginario. Los
rostros, imágenes y voces invisibilizados por las elites gobernantes y
los medios de comunicación comercial, comienzan a aparecer para
quedarse, con sus acentos y tonadas, su diversidad étnica y cultural.

Después de dos siglos de verse con ojos extranjeros "Tenemos que
terminar de borrar las fórmulas extrañas a nosotros mismos", decía
Chávez), los venezolanos comienzan a verse con ojos propios. Aparece la
noción de nación y de soberanía, más allá del concepto de
territorialidad, y se va asumiendo, a la vez, la identidad
latinoamericana, integradora, integracionista, más allá del discurso
oficial.

Una nueva etapa

Ese 8 de diciembre comenzó –sin que nadie lo decretara- una nueva
Venezuela, que debe superar la situación de extrema afectividad y
suspensión del juicio crítico, que, a decir de Maryclén Stelling, es una
"red afectiva –miedo, amor, odio y violencia– que media nuestra relación
con la realidad y afecta en consecuencia la percepción de la misma".

Hoy, manejados por la emocionalidad y alentados y alimentados por
ciertos medios de comunicación, sectores políticos asumen y se hacen
cómplices de una naturalización y banalización de la violencia,
perdiendo, en consecuencia, la sensibilidad colectiva en relación con la
violencia destructiva en todas sus modalidades, física, psicológica,
emocional o política, señala Stelling.

Y lo cierto es que cuando la violencia se despoja de su carácter de
excepcionalidad se desdibujan sus límites y desaparecen los criterios
para evaluarla. En este juego "amigo-enemigo" algunos medios inducen al
odio y alimentan la violencia. La política concebida como un ejercicio
bélico no reconoce la pluralidad ni la diversidad.

La oposición ¿sin proyecto, sin futuro?

Armando Durán, exministro de Carlos Andrés Pérez, señala que, en una
"ambigüedad suicida", muchos en la oposición siguen aún las normas que
definían aquel falso bipartidismo adeco-copeyano que murió
definitivamente en las elecciones de 1998, de adversarios sin enemistad,
que diluían sus diferencias en la tranquila alternancia, todo
perfectamente de acuerdo con el diseño trazado por los estrategas de
Washington para armonizar en Venezuela, como en Estados Unidos lo hacían
demócratas y republicanos, los tópicos de una "democracia" bipartidista
moderna.

Hay un 1% seudo-radical (según Olivares de El Universal), que
sobreestima su fuerza a causa del tuiter, mientras otros se preguntan si
hay que seguir exigiendo que Chávez regrese o que se publiquen sus
exámenes médicos y especulan sobre el amor-odio entre Diosdado Cabello y
Nicolás Maduro, o prepararse y ponerse a trabajar desde ya para mejorar
sus posibilidades de cara a esas cercanas elecciones presidenciales.

Pero resulta que ese 1% seudo-radical cuenta, por ahora, con el altavoz
de una prensa opositora cartelizada, y en un nuevo intento de subvertir
el orden e irrespetar la Constitución hizo circular el documento
"Manifiesto de la Sociedad Democrática Venezolana y a su Fuerza Armada
Nacional Bolivariana", firmado entre otros por Oscar Lusinchi, Enrique
Tejera Paris, Pedro Pablo Vidal, Oswaldo Álvarez Paz, María Corina
Machado, Diego Arria, Marciel Granier, Luis Henrique Otero y Oscar
García Mendoza.

Durante los años bolivarianos, estos medios cartelizados intentaron
asumir la competencia de decidir cuáles leyes debían ser consideradas
válidas y cuáles no; por su propia decisión difundieron como verídicos
actos ejecutivos que no habían sucedido (la renuncia del Presidente);
designaron y destituyeron a dirigencias políticas en las filas
opositoras, y han intentado usurpar la función jurisdiccional
desconociendo repetidamente tanto actos administrativos como resultados
electorales y sentencias de los tribunales, formulando a su vez
sentencias mediáticas inapelables contra personas e instituciones,
recuerda Luis Britto García.

"Cerco mediático" y síndrome de la plaza sitiada

Los medios se acogen a la estrategia mediática internacional: hoy,
carentes de credibilidad, reproducen las "informaciones" elucubradas en
el exterior por una derecha con la clara intencionalidad política de
socavar las instituciones, desarticular la integración latinoamericana,
terminar con el chavismo y, sobre todo, apoderarse de las riquezas
naturales venezolanas.

CNN en español, ABC y El País de España, El Nuevo Herald de Miami, La
Nación de Buenos Aires, O Globo de Brasil, entre otros medios, completan
eso que se ha dado en llamar el cerco mediático sobre Venezuela, que no
es más que una orquestada, planificada campaña de descalificación,
distorsión y manipulación informativa contra Venezuela, que luego es
amplificada por la prensa comercial venezolana.

También se nombra este fenómeno como la guerra de Cuarta Generación,
mediática, dirigida a los sentimientos, las percepciones, a crear
imaginarios colectivos virtuales, lejanos a las realidades.

Según William Lindt, creador del término, "en la guerra de cuarta
generación (los operadores) son expertos en la manipulación de los
medios de comunicación para alterar la opinión nacional y mundial hasta
el punto del el uso diestro de las operaciones psicológicas que a veces
impide el compromiso de las fuerzas de combate… Las noticias de la
televisión pueden convertirse en un arma operativa más poderosa que las
divisiones acorazadas."

En el contexto de guerra y de confrontación vale todo para derrotar al
enemigo o al menos controlarlo, aislarlo. En Venezuela esta estrategia
se encuentra con una suerte de vacío, que es una oposición
desarticulada, fragmentada, de facciones que aflora como partido
político "de unidad" en coyunturas electorales, y terminadas éstas se
fragmenta nuevamente, recuerda Stelling.

Ahora está fragmentada nuevamente –una colcha de retazos- y desorientada
sin Chávez: se quedó sin líder para odiar y le cuesta demasiado una
idea, un proyecto de país.

Pero en esta trampa de la "guerra", aquellos que trazaron y dirigieron
la comunicación bolivariana se sintieron seducidos por la teoría de la
plaza sitiada –hay que defenderse continuamente de la eventual agresión
imperial-, que bien sirvió a la Cuba revolucionaria en los primeros años
del bloqueo, una teoría impensable en un país con cientos de radios
privadas, decenas de televisoras y de diarios privados.

Los voceros chavistas se convirtieron en expertos en denunciología,
olvidándose de construir una comunicación democrática, donde todos
tengan voz e imagen y donde la ciudadanía participe protagónicamente de
los debates sobre la realidad y el futuro del país que se está
construyendo. Es una estrategia reactiva; se responde a la agenda del
enemigo, y no proactiva, donde se diseña la agenda comunicacional y
política.

El chavismo; ¿y ahora qué?

Para remontarse al origen de las críticas por la falta de una política
comunicacional, hay que trasladarse a 1999, cuando el entonces ministro
de la Secretaría de la Presidencia, Alfredo Peña, terminó con toda la
institucionalidad comunicacional del Estado (obviamente para dejar que
las grandes empresas mediáticas dictaran las pautas y crearan el
imaginario colectivo), con el pretexto de que Chávez "es el mejor
comunicador del mundo", y dejaba al descubierto la falta de soberanía
comunicacional, lo que quedó en evidencia cuando el golpe del 2002.

Poco después se aprobaba la Ley Orgánica de Comunicaciones, de corte
neoliberal, y aún vigente, madre de los males que vendrían después con
la Ley el Reglamento de las emisoras comunitarias.

Nadie duda del carisma y la calidad de comunicador de Chávez. En un
vocabulario coloquial, intimista, informal, logró informar (y formar) a
una ciudadanía que siempre había sido considerada objeto (y no sujeto)
de políticas. Durante más de una década los venezolanos se enteraron de
lo que sucedía en el país a través de Aló Presidente, primero radial y
luego también televisado.

Pero no hemos comprendido qué etapa histórica estamos transitando, dando
fin de la etapa de la resistencia (al colonialismo cultural) para
comenzar la difícil etapa de la construcción de nuevas alternativas, de
una comunicación democrática, de una sociedad de participación popular,
encaminada al socialismo.

Construcción significa cambiar paradigmas, reiventarnos; sugiere
proceso, avances y también retrocesos. Pero lo primero que debemos
democratizar y de ciudadanizar es nuestra propia cabeza, reformatear
nuestro disco duro, liberar los mil cuatrocientos centímetros cúbicos de
nuestro cerebro.

Jamás se articuló una política comunicacional y hasta algún alto
funcionario se animó a decir que la mejor política era no tener
política. Es más, cualquier funcionario pretende que sean interrumpidos
los programas en los horarios estelares de la que debiera ser la
televisión pública para que aparezca su imagen grabada en actos
protocolares banales.

Nunca se comprendió de qué se trataba la guerra cultural, y mientras se
creaban costosísimos sistemas televisivos, los formatos y contenidos
seguían los lineamientos del enemigo, al grado de que todas las
televisoras estatales y/o fomentadas por el Estado no lograron jamás
sobrepasar el 10% de la audiencia. Una televisión pública sin público,
una información llena de consignas sólo para los convencidos. Una
vocería sin credibilidad (en los últimos dos meses, el nuevo ministro
del área logró ganar credibilidad con su profesionalismo y ética).

Los grandes medios empresariales operan sobre la mentalidad y la
sensibilidad de las sociedades, tratando de generar una nueva fuente de
historia, falsificada, fragmentada, artificial, superficial,
descontextualizada, De poco sirve tener cientos de medios populares (mal
llamados comunitarios) si dependen de las pautas oficiales (financieras
y programáticas), cuando los medios comerciales acaparan la atención de
las audiencias.

Se siguen los paradigmas del enemigo, que nos hicieron creer que
comunicación alternativa era sinónimo de comunicación marginal. Basta
descubrir a qué es alternativa: al mensaje único, a la imagen única, a
la tónica hegemónica. Y entonces comprender que alternativo no se
contradice con masivo: se puede masificar un mensaje con una red de
medios populares.

Tener nuevos medios para repetir las formas inescrupulosas y la
información digitada, que nada tienen que ver con el debate democrático,
las formas de la comunicación hegemónica, es ser cómplice del enemigo.

Una televisión "revolucionaria" debiera desarrollar una nueva retórica y
una nueva estética de respeto al público y al contenido que se
transmite. La cuña y los "negros" comerciales son la ideología del
capitalismo. No se puede difundir un mensaje socialista (un mensaje no
es la repetición de consignas) con los procedimientos del capitalismo.

Pese a muchas declaraciones, durante más de una década el gobierno no ha
intervenido para lograr que los medios acaten las disposiciones
constitucionales y legales. Apenas una medida, la no renovación de la
concesión a RCTV, mientras se "negociaba" con otros medios privados con
generosas y hasta pródigas pautas publicitarias a ciertos medios
privados, señala Britto García.

El efecto fue que redoblaran sus ataques al gobierno (con financiamiento
de éste) y sirvan de promotores ante los organismos internacionales de
acusaciones temerarias de falta de libertad de expresión.

Muchos han leído solapadamente a Gramsci (es decir, leyeron solo la
solapa del libro) para disertar sobre hegemonías. Sin embargo, el nuevo
ministro, Ernesto Villegas, señaló acertadamente que "hablar de una
hegemonía revolucionaria es todavía una utopía", ya que "podemos tener
muchos recursos para tratar de dar la batalla, pero todavía existe una
hegemonía cultural capitalista que es visible incluso en nuestros mismos
hábitos, en nuestros gustos, en nuestra manera de accionar, en la manera
como miramos a nuestros semejantes". Ante esa hegemonía cultural "la
visión de la revolución es contrahegemónica", dijo.

No está mal como para empezar a tomarse en serio este tema, el de la
nueva comunicación en tiempos de cólera y de nueva etapa política en el
país.

Desafíos comunicacionales de corto plazo

Entre los desafíos del gobierno, de acá en más, están el extender aún
más la participación y el control popular, debatir y priorizar nuevos
objetivos y metas, y revitalizar los sueños colectivos. En el breve
plazo deberá mostrar estrategias comunicacionales en cuanto a la
participación popular, las nuevas realidades políticas en la oposición y
en el chavismo, los temas económicos y financieros, sin olvidar los de
seguridad y la construcción del imaginario colectivo del camino hacia el
socialismo del siglo XXI

Participación popular: Los próximos comicios, en mayo, serán para elegir
alcaldes y concejales. Lo cierto es que hasta el momento el PSUV ha
abandonado la escogencia de sus candidatos por elecciones primarias en
cada circuito, pero la presión de las bases se mantiene, en la exigencia
de fecha para garantizar la participación popular para la selección de
los abanderados bolivarianos, de forma que ésta no se haga por
imposición de la cúpula. Una u otra decisión deberá ser comunicada a la
ciudadanía en general y al chavismo en particular.

Como dijera Chávez, la democracia de elites, representativa es
contrarrevolucionaria. Un gobierno tomando decisiones entre cuatro
paredes, expropiándole al pueblo su soberanía, también es
contrarrevolucionario".

La percepción política: La Mesa de Unidad Democrática se ha abstenido de
hablar de usurpación y desconocimiento de la decisión del TSJ, pero
sectores más alienados a las directivas de Washington –como la mediática
María Corina Machado, impulsada como sucesora de Henrique Capriles como
abanderada presidencial- le ganan la batalla en el chismorreo político,
desconociendo a Nicolás Maduro y soñando con una "primavera árabe",
tuiteada y televisada.

Sólo campañas proactivas e informativas permanentes, con voceros con
credibilidad pueden romper con la desinformación chismorreica.

La percepción económica: Pese al crecimiento económico y la baja tasa de
desempleo, la escasez y la inflación siguen preocupando. La explicación
de que son consecuencia de la especulación no satisface ni alcanza, si
no se busca corregir la baja productividad y definir de alguna forma la
presión empresarial para sacar las ganancias fuera del país, que
mantiene un dólar paralelo galáctico sin lograr eliminar la fuga de
capitales.

No bastan las cifras macro para tratar de explicar lo que la ciudadanía
palpa todos los días. Una estrategia de información debiera incluir
contenidos formativos en lo económico: el pueblo merece comprender de
qué se trata y cómo se trata.

Hugo Chávez señalaba que él sólo echó las bases del socialismo: "Quiero
construir el edificio (…) Invito a todos a que pensemos, diseñemos y
pongamos en práctica acciones en todos los ámbitos para llenar de fuerza
transformadora a la democracia revolucionaria".

- Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director
de la revista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio
Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC).

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