viernes, 10 de agosto de 2012

[alai-amlatina] Chile: Cultura de la protesta: Protesta de la cultura

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Manifestaciones estudiantiles en Chile
Cultura de la protesta: Protesta de la cultura

Álvaro Cuadra

ALAI AMLATINA, 10/08/2012.-

1. Las manifestaciones como puesta-en-escena

Las recientes manifestaciones estudiantiles en Chile exhiben una serie
de rasgos del mayor interés, tanto político como cultural. Las nuevas
generaciones han encontrado nuevos modos de protestar en un país que
hasta hace poco parecía adormecido por la seducción de los medios y la
publicidad en el seno de una "sociedad de consumidores". De algún modo,
ha nacido en nuestro país una inédita cultura de la protesta que es, al
mismo tiempo, una protesta desde la cultura.

Lo primero que se advierte en las últimas manifestaciones es su marcado
acento estético. La muchedumbre se sabe protagonista de una
puesta-en-escena que espera el horario estelar de los noticieros para
una puesta-en-cuadro. Este carácter performativo y visual de las
protestas es algo nuevo, pues, más allá de los lienzos y pancartas de
marcado tono ideológico, la manifestación es animada por diversas
"acciones de arte" que van desde cuerpos desnudos a escenificaciones
cuasi circenses de arte callejero. Las protestas son espacios de auto
expresión.

Las nuevas armas contestarias incluyen maquetas de los carros
policiales, como imagen especular y degradada de la represión, rostros
pintados e improvisados cánticos. Más parecido a un "carnaval", en el
sentido de Bajtín, que a la clásica protesta en las calles. Las
manifestaciones estudiantiles se han vuelto fotogénicas y telegénicas.
Los estudiantes se saben en los medios de comunicación, hay, por decirlo
así, una "consciencia mediática" arraigada en ellos. Notemos que la
muchedumbre no comparece ya ante un hipotético mañana histórico sino
ante las cámaras nacionales y extranjeras. Así, el éxito de la
convocatoria no solo se mide por la asistencia al acto sino por el
"tiempo al aire" de los diversos episodios que la constituyen en los
noticieros televisivos nocturnos de ese mismo día: La acción política y
la visualidad son, ahora, inseparables.

La narrativa mediática es la que garantiza la puesta-en-cuadro de las
diversas secuencias de una manifestación, es ella la que construye y
refiere la poética de la protesta. La construcción mediática recoge
todos los rasgos formales y los convierte en referencias locales y
globales. No olvidemos que existe, además, toda una construcción visual
alternativa en la red que compite con los medios. Los vídeos en
"Youtube" son subidos por los mismos estudiantes que se registran a sí
mismos, multiplicando su presencia en el espacio y en el tiempo.

La figura emblemática de las manifestaciones estudiantiles en nuestro
país ha sido, qué duda cabe, Camila Vallejos. Es interesante destacar
que el liderazgo es marcado por una líder femenina. Es cierto, no es la
primera, no es la única. De hecho, como se sabe, la misma ex presidente
Michelle Bachelet cuenta hasta el presente con una elevada adhesión
ciudadana. Sin embargo, la lucidez y el glamour de Camila Vallejos
constituyen un factor que ha fortalecido la fuerza del movimiento de
estudiantes. En una "sociedad de consumidores", la protesta estudiantil
posee la fuerza de la seducción.

2. El baile de máscaras

La estetización de las manifestaciones estudiantiles no significa, de
buenas a primeras, una despolitización de las protestas. Si observamos
con atención, las protestas estudiantiles están mostrando la conjunción
de dos aspectos que aparecían disociados: Convicción y Seducción. De
este modo, un movimiento social y juvenil se apropia del espacio
público-mediático conjugando sus demandas con la lógica del espectáculo.
Los jóvenes estudiantes resultan ser, paradojalmente, los verdaderos
maestros de una "clase política" carente de convicciones e incapaz de
seducir a la ciudadanía.

Las manifestaciones han dejado de ser un espacio cultural y político
compacto y uniforme. Por el contrario, se trata de actos masivos
abigarrados y multicolores en que diversos actores políticos y
culturales se expresan. En toda manifestación encontramos un flujo de lo
diverso, se trata de un movimiento en distintas direcciones que gira en
torno a una demanda central: Educación pública gratuita y de calidad. La
lista es larga: Estudiantes secundarios, estudiantes universitarios,
padres y apoderados. Profesores secundarios, profesores universitarios.
Artistas, intelectuales, representaciones de minorías étnicas y
sexuales, grupos de teatro, grupos ecologistas, ciudadanos indignados y
muchos otros. La marcha de lo diverso es carnavalesca y transversal.
Lejos de constatar una despolitización de las protestas estudiantiles,
estamos asistiendo a una nueva modalidad de la expresión política
ciudadana.

Lo carnavalesco incluye en sus márgenes, la escenificación de la
violencia. La estética Hard Core se nos presente como la irrupción de
las fuerzas policiales, sea bajo la forma de amenaza presente,
provocación intencionada o, lisa y llanamente, brutal represión. La
violencia puesta-en-escena en las urbes ha sido estigmatizada desde la
Comuna de París durante el siglo XIX hasta el presente. Términos tales
como "terrorismo", "encapuchados", "violentistas" o "lumpen" dan buena
cuenta de ello. La violencia en las manifestaciones se ejerce desde el
anonimato: Hay fuerzas policiales, funcionarios anónimos que se
enfrentan con medios técnicos a estudiantes anónimos. Como en un baile
de máscaras se habla de "infiltrados". Contra lo que pudiera pensarse,
el ejercicio de la violencia no fortalece la dosis de politicidad de una
manifestación sino, más bien, proporciona un elemento de tensión
dramática a la narrativa mediática que justifica, inevitablemente, la
"restitución del orden".

3. Asinus asinum fricat

La imagen de un oficial de Carabineros junto a algún ministro de estado
o al mismo presidente reafirma el orden constituido frente a los "actos
de violencia": "Asinus asinum fricat", solo un asno frota a otro asno,
afirmaban los antiguos. El gobierno de turno celebra a sus fuerzas
represivas en nombre de la ley, la moral y la paz social. Los medios de
comunicación, desde luego, clausuran su relato con un "Happy Ending" en
que las demandas estudiantiles son opacadas por el "vandalismo" o, en el
mejor de los casos, minimizadas por promesas y placebos para que todo
siga igual.

No obstante, las manifestaciones persisten obstinadas y cada cierto
tiempo regresan inevitables. Hay varias razones que pueden, en
principio, explicar este fenómeno. Por de pronto, el hecho notable de
que el movimiento estudiantil se ha mantenido a una cierta distancia de
los partidos políticos tradicionales. Esto indica que este movimiento
social no se inscribe en la "racionalidad partitocrática" inherente al
Chile republicano e ilustrado anterior al golpe de estado de 1973 y
recreado como mero "pastiche" desde 1990. Pareciera que junto a las
manifestaciones estudiantiles irrumpe una racionalidad de nuevo cuño que
estaría más próxima a demandas filosófico-morales que a ideologías
estrictas: "El pueblo unido avanza sin partido".

Las demandas estudiantiles exceden con mucho lo "políticamente
correcto". Al igual que los surrealistas, pareciera que a los
estudiantes no les basta el imperativo marxista de "Transformar el
mundo". Se trata más bien de una urgencia moral y vital, menos Marx y
más Rimbaud: "Cambiar la vida". En este sentido, las manifestaciones
estudiantiles ponen de manifiesto no solo una enorme "brecha
generacional" sino, además, una "brecha cultural y política". Las
manifestaciones estudiantiles están poniendo de manifiesto un hastío
profundo de las nuevas generaciones respecto a lo que es y ha sido este
país.

Las protestas de los estudiantes no admiten una lectura política
tradicional. Nuestra "caja de herramientas" resulta obsoleta ante este
tipo de fenómenos. Apenas podemos barruntar algunos aspectos que están
orientando este proceso acelerado de cambios. Sabemos que estamos ante
síntomas locales de una "mutación antropológica" de gran escala asociada
a una "Cultura Global" o "Cultura Internacional Popular". Las demandas
de las nuevas generaciones a escala mundial entran en constelación con
aquella "contra-cultura" del siglo XX, ya no como "Psicodelia" sino como
aquello que se ha dado en llamar "Ciberdelia".

4. Las Redes y el fantasma de Salvador Allende

Desde un punto de vista más amplio, se hace indispensable considerar dos
ejes centrales que están situando a los actores políticos y culturales
en este tiempo: Las comunicaciones y el consumo. En la era de la
"cibercultura", el movimiento estudiantil se desarrolla y se gestiona en
el espacio virtual como una expansión del espacio público. Las "redes
sociales" son habitadas por estos "cibernautas" que conversan, discuten
y coordinan sus propias acciones. Ya no estamos ante modelos de
comunicación centralizados, verticales y masivos al estilo "Broadcast"
sino a modelos horizontales, no jerarquizados y personalizados, el
estilo "Podcast". Esta impronta comunicacional constituye una suerte de
matriz que se proyecta en las relaciones sociales y sus modos de
organización. Los estudiantes adscritos a estructuras partidarias
estrictas y burocráticas son una minoría, su actuar IRL (in real life)
sigue siendo "Podcast": el asambleismo, la autonomía y la acción parecen
seducir a los jóvenes de hoy.

Si las nuevas tecnologías y las redes sociales amplían la noción de
espacio público, es el consumo el que sitúa a los sujetos en un nuevo
imaginario histórico y social. La "sociedad de consumidores", en tanto
diseño socio cultural, crea las condiciones de posibilidad para formas
inéditas de socialización, permitiendo la emergencia de un nuevo
"carácter social". Es en esta dimensión donde se ha acuñado el concepto
de "narcisismo sociogenético", para explicar cómo las relaciones de
seducción redefinen el individualismo en las sociedades democráticas del
siglo XXI. Cualquier consideración sobre los movimientos sociales
contemporáneos no puede dejar de lado esta cuestión, pues, en rigor,
estamos asistiendo –precisamente– a la confrontación de una cultura
secularizada y una "polis" anquilosada. Las instituciones sociales, y
muy especialmente la educación, aparecen extemporáneas y vetustas ante
una cultura "mediatizada". Las burocracias educacionales, secundarias y
universitarias, están muy distantes del mundo rutilante que destellan
las pantallas y los escaparates. Una clase magistral no puede competir
con un grupo de Rock.

En este nuevo mundo, empero, la historia sigue presente. Las
manifestaciones estudiantiles no solo se apropian del espacio mediático
sino que ocupan un espacio urbano lleno de historia, los monumentos y la
arquitectura prescriben, todavía, los desplazamientos y el espacio de
circulación. Sin embargo, el tiempo histórico también se hace presente
como un "ahora" que se conecta con un "otrora", otro ahora, un presente
diferido que vuelve. Entre medio de los estudiantes que se desplazan
aparece la imagen, un doble, del presidente Salvador Allende que alienta
a los jóvenes y repite incansable su discurso. Esta "simulación" es
significativa, pues instala en el imaginario actual una figura que más
de tres décadas de silencio han querido desterrar. No se trata de una
vindicación circunscrita a lo político e ideológico, más bien se
enarbola su estatura moral frente a la miseria del presente. Las
manifestaciones estudiantiles en nuestro país representan mucho más que
una demanda sectorial, pareciera más bien que se trata, casi
literalmente, de un lento despertar después de una larga noche de
pesadillas y olvidos.

Álvaro Cuadra es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de
Postgrados, ELAP, Universidad ARCIS.

URL de este artículo: http://alainet.org/active/57119

* Artículo publicado en la revista América Latina en Movimiento Nº 477,
Juventudes en escena, julio de 2012 - http://alainet.org/publica/477.phtml


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