jueves, 1 de noviembre de 2012

[alai-amlatina] La crisis global del agua y de la alimentación

- - - Servicio Informativo "Alai-amlatina" - - -

Entrevista con Pedro Arrojo
La crisis global del agua y de la alimentación

Eduardo Tamayo G.

ALAI AMLATINA, 01/11/2012.- En América Latina, temas como el agua, la
alimentación y el uso de los transgénicos se ubican en el centro del
debate. El profesor emérito de la Universidad de Zaragoza, España, Pedro
Arrojo, plantea que si queremos encarar la crisis alimentaria el reto no
es tanto producir más alimentos sino acabar con la pobreza y ser capaces
de distribuir la riqueza que tenemos, de manera "que haya mayor
capacidad de acceso a los alimentos por parte de los más pobres". Arrojo
agrega que es una gran mentira presentar a los transgénicos como una
solución a los problemas del hambre.

40 millones de latinoamericanos no tienen acceso a los servicios de agua
potable, mientras otras 52 millones se abastecen a través de sistemas
que representan un riesgo significativo para la salud, según un estudio
de la CEPAL. A ello se añade que 81 millones sufren hambre y
subnutrición, según la FAO.

En relación al problema del agua, el profesor Arrojo, quien es fundador
de la Fundación Nueva Cultura de Agua y el primer español en recibir el
Premio Goldman de Medioambiente, dice que éste no es un problema de
escasez sino de quiebra de la salud de los sistemas acuáticos, lo que
determina que donde antes podíamos beber hoy nos envenenamos o nos
enfermamos. Critica a la minería a cielo abierto y revindica el agua
potable como derecho ciudadano que debe estar por encima de cualquier
criterio privatizador o mercantilista.

La entrevista:

Actualmente se habla de que el mundo vive múltiples crisis, ¿qué
intensidad tiene la crisis ambiental?

La crisis ambiental tiene su expresión oficial más contundente y
reconocida en lo que es el cambio climático, que tiene unas
repercusiones ya visibles y esperables realmente espeluznantes sobre
todo para comunidades y lugares más vulnerables, como puede ser
Bangladesh, y sobre todo en la gente más humilde y más pobre que tiene
menos capacidad de adaptación a cambios bruscos, ya sea en la
agricultura, ya sea en el medio rural, está siendo y va a ser un futuro
verdaderamente doloroso.

Otra faceta de estas crisis ambientales la tenemos en lo que yo trabajo
más, que es lo que se conoce como la crisis global del agua, de alguna
manera podría decir que hay una paradoja trágica, la crisis global del
agua en el planeta agua, en el planeta azul, millones de personas sin
acceso al agua potable, diez mil muertes diarias solo de diarreas, y un
número indeterminado, que ni siquiera se estima, de envenenamientos
progresivos por metales pesados, por contaminación tóxica, no biológica,
derivada de la minería a cielo abierto, derivada de los agrotóxicos y
con unos impactos demoledores sobre la salud pública de las personas.
Todo esto no es un problema de falta de agua, es un problema de quiebra
de la salud de los sistemas acuáticos, donde antes podíamos beber hoy
nos envenenamos o nos enfermamos. Por tanto, las crisis ambientales
tienen muchas facetas pero abren frentes de dolor en la humanidad sin
precedentes, particularmente en las comunidades más pobres.

¿Qué nos puede decir de la crisis alimentaria?

La crisis alimentaria, por lo que dicen todos los informes oficiales
medianamente sensatos, no es una crisis de producción de alimentos como
de acceso a los alimentos que se producen o se pueden producir. El
problema está fundamentalmente en la pobreza, no en la no producción. Y
tiene que ver con lo que está haciendo la desarticulación social y
cultural del medio rural de comunidades tradicionales que acaban, por
así decir, desprotegidas de la protección que daba el lugar tradicional
de habitación. Todos esos factores van agravando los procesos de
miseria, de vulnerabilidad de las comunidades y al final de acceso a los
alimentos.

En el tema del agua, hay veces que se dice como vamos creciendo vamos a
tener que producir más regadíos, y para eso más represas, y vamos a
darle dos vueltas de tuerca a la explotación de la naturaleza. Es un
error confrontar pretendidamente la producción de alimentos con la
sostenibilidad de los ecosistemas, es un error mortal de necesidad,
porque al quebrar la salud de los ecosistemas, al quebrar las
capacidades naturales de producción de alimentos justamente nuestra
tecnología no suple la destrucción de la producción de alimentos, por
ejemplo cuando tenemos una gran represa en nombre que queremos hacer
agricultura más industrializada (generalmente producimos agricultura que
no da de comer, agricultura de exportación, agricultura que da de comer
a unos pocos y enriquece a los que ya son ricos) probablemente va a
desplazar población de la zona de inundación de la represa y esa
población queda vulnerable, pasa a ser población hambrienta. O, también,
vamos a destruir la pesca del río de la que vive mucho más gente de la
que pensamos, porque la pesca es la proteína de los pobres. El quebrar
las pescaderías en las masas fluviales de agua dulce, tiene
consecuencias indirectas en los litorales, porque hoy se sabe que la
pesca del litoral depende de los flujos de nutrientes que portan los ríos.

Todos estos elementos son claves, de tal manera que si queremos abordar
la crisis alimentaria el problema no es tanto producir más alimentos
sino acabar con la pobreza, ser capaces de distribuir mejor la riqueza
que tenemos, de manera que haya mayor capacidad de acceso a los
alimentos por parte de los más pobres. Por otro lado, el otro reto es
recuperar el funcionamiento de la ingeniería natural, que es en el fondo
la naturaleza, los ecosistemas, en su capacidad de regenerar la vida y
de regenerar alimentos, ya sea pesca, agricultura, la fertilidad del
suelo. Ahí tenemos, desde mi punto de vista, los grandes retos.

Las transnacionales presentan a los transgénicos como la solución para
el problema de la alimentación, ¿Qué opina usted?

Sencillamente es una gran mentira. Lo que se está consiguiendo con esa
reingeniería transformada en gran negocio es perder la soberanía
alimentaria, perder la soberanía de poder alimentarse y de poder
regenerar sus medios de producción. Pasas a depender de una
multinacional que te lo vende todo, te vende la semilla que ya no puede
reproducirse, te vende el agrotóxico específico para esa semilla y sin
el cual esa semilla tampoco produce, y se entra, por otro lado, a
riesgos de mediano y largo plazo que nadie ha experimentado.

Nosotros jugamos con algo tan delicado y tan fino como es la herencia
genética, entramos en un túnel cuyo final no conocemos, no digo que
tenga que ser necesariamente malo o desastroso, en realidad no lo
conocemos. Hemos cometido ya tropelías y por arrogancia tecnocrática que
ahora empezamos a ver… yo recuerdo de niño que jugábamos con el DDT y
nos echábamos DDT a la cara, pero entonces nos habían dicho que el DDT
mataba mosquitos pero a las personas no hacía nada, hoy sabemos que es
un tóxico para las personas y que se acumula en nuestros tejidos, a lo
mejor yo muero antes de que me tocaba porque yo jugué con el DDT de
niño. Esa imprudencia, esa arrogancia tecnocrática, en nombre del
negocio de corto plazo, tiene sus exponentes más notables justamente en
ese negocio de los transgénicos que se ha montado Monsanto y compañía.

Yo creo que es una enorme imprudencia, una temeridad, y que más nos
valdría investigar pero no experimentar en vivo a gran escala, dar
tiempo al tiempo, seguir confiando como cuestión esencial en las
capacidades naturales de esta ingeniería natural, que no sé si la ha
hecho Dios pero la hecho bien, una tecnología de regeneración de
nutrientes, de regeneración energética a través de energía solar que
funciona con una eficiencia que los humanos estamos lejos de emular
siquiera. Y no olvidemos nunca que esos ciclos energéticos, esos ciclos
inmateriales, esa ingeniera natural tan sofisticada funciona
gratuitamente con sofisticadas tecnologías solares naturales. Yo pienso
que tenemos que prestar más atención, desde la investigación, a entender
bien esa ingeniería natural que tenemos y a podernos engarzar bien
nuestras tecnologías artificiales con esos procesos naturales, no entrar
en contradicción con ello. Y, todo lo demás se puede seguir estudiando
pero aquello que no se conoce en rigor en sus efectos de medio y largo
plazo, y que tiene ver con cuestiones tan delicadas como el orden
genético o con la información genética, yo le daría muchísimo más tiempo
de información y sería un período de prueba en pequeñito no en vivo ni
en la sociedad. Lo que pasa es que eso no es un buen negocio para
Monsanto, esperar es perder dinero, luego, por tanto, los riesgos los
paga la sociedad, mientras Monsanto se mete el dinero en el bolsillo.

Desde el punto de vista de la geopolítica, ¿cómo se está manifestando el
problema del agua en el mundo?

En el mundo ya se califica como la crisis global del agua y yo añado en
el planeta agua. Tiene grandes raíces a mi punto de vista. No es un
problema generalmente de escasez, la inmensa mayoría de los mil millones
que no tiene acceso al agua potable viven en países como Ecuador, al
lado de un río. Lo que pasa es que antes donde se podía beber hoy nos
envenenamos o nos enfermamos, es decir el gran problema, la gran raíz de
las dificultades del acceso al agua potable no es la falta de agua sino
del acceso a agua potable, a agua de calidad. La primera razón es que
hemos quebrado la salud de nuestros ríos, de nuestros ecosistemas
acuáticos, primero han muerto los peces y las ranas y luego enferman y
mueren las personas, pero siempre las personas, más pobres, más
vulnerables. Y ahí viene la segunda raíz del problema: la crisis de
inequidad y pobreza que hemos producido desde un sistema capitalista
profundamente inmoral. Y la tercera, se añade, es la pretendida solución
del sistema neoliberal puesto que el agua de calidad la hemos hecho cada
vez más escasa, se la ha transformado en negocio, un bien útil y escaso,
se ha dejado que sea el mercado el que administre los sistemas de agua y
saneamiento; la privatización de los sistemas de agua y saneamiento,
está transformando lo que es una necesidad pública en un negocio.

Eso está transformando a los ciudadanos en meros clientes y si ese
cliente tiene una Visa en el bolsillo a lo mejor puede estar tranquilo,
pero si soy pobre más me valdrá rebelarme como los pobres de Cochabamba
en la "guerra del agua". Y ahí se está produciendo la tercera gran
crisis, de gobernanza de los servicios de agua y saneamiento que va
haciendo más vulnerables a los más pobres porque al ser clientes pobres
son expulsados de sus derechos más elementales.

¿Cuáles son las alternativas?

Ese es el diagnóstico y por tanto hay que reaccionar, pasando de la
gestión de recurso a la gestión ecosistémica, como hemos pasado de la
gestión maderera a la gestión forestal, entender que un río no es un
canal de H2O sino que es un ecosistema vivo, es la pachamama, es hacer
las paces con nuestros ríos. Sin eso tendremos ríos envenados.

Segundo, una vez que hagamos las paces con los ríos, y veamos cuanta
agua sacar sin quebrar la salud del río, la clave está en distinguir el
agua para qué, yo distingo el "agua vida" vinculada a los derechos
humanos. Dice Naciones Unidas (que requerimos) 30 litros /persona y día
al menos de agua potable, es un derecho humano, como el cariño verdadero
de la copla ni se compra ni se vende, se garantiza como máxima
prioridad, máxima prioridad agua vida.

Yo pienso que el agua potable y el saneamiento en casa deben ser de
acceso universal, y entonces deben ser un derecho si no humano
ciudadano, la diferencia está en que los derechos ciudadanos también
tienen deberes ciudadanos, pero no de hacer negociados en un mercado
sino que deben ser acordados en una sociedad democrática. Hagamos un
sistema tarifario en donde el primer bloque (30 litros) sea gratuito, en
donde el segundo bloque (100 litros más) tenga un coste, pero que
recupere costes para la entidad pública de gestión, y cuando lleguemos
al bloque de consumo más alto que ese sea cinco veces más caro, el que
llene su piscina de lujo que sepa que está pagando también, a través de
una subvención cruzada, el derecho de los más pobres a tener un servicio
de altísima calidad. Por lo tanto, yo digo el "agua ciudadanía",
derechos y deberes, de acceso universal, pero fuera del esquema de
privatización.

Y por último el "agua economía". Bueno pues, la inmensa mayoría del agua
se usa para producir agricultura de exportación, electricidad y otros
mil bienes, entonces yo digo el derecho de los productores a ser más
ricos a través del agua pública, muy bien, pero no es una prioridad, no
se puede sacrificar la calidad de un río con una contaminación diciendo
que estoy produciendo economía (…) usted tiene una fábrica de papel pero
no es dueño de la salud de la gente, usted no es dueño del río, entonces
ahí (se debe aplicar) estrictas condiciones de sostenibilidad, y luego
el pago del agua, lo que nos haya costado, igual que el carpintero paga
la madera y nadie se la subvenciona, pues pagar por el "agua economía"
lo que haya costado al Estado llevar el agua.

Y luego el "agua delito" que en América Latina se da mucho en
actividades económicas que se justifican porque dan dinero, pero
envenenan a la mayoría de sus ciudadanos, por ejemplo la minería de
cielo abierto del oro y del cianuro, eso es una barbarie del siglo XXI
que en muchos países ya se está considerando fuera de la ley, como un
atentado a la salud pública, y no vale decir que produce dinero, porque
al mismo tiempo envenena a la gente, tarde o temprano, entonces lo que
yo llamo el "agua delito" debe estar fuera de la ley y la ley debe
perseguirlo para que quede fuera de nuestra práctica social y económica.

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