lunes, 18 de junio de 2012

[alai-amlatina] Río+20: Omisiones y debilidades del texto en negociación

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Río+20: Omisiones y debilidades del texto en negociación

Miguel Palacín Quispe

ALAI AMLATINA, 18/06/2012.- Las negociaciones oficiales en la
Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible han ingresado
a su etapa final con la presentación de un documento de negociación
presentado por Brasil, el Estado anfitrión, que sigue siendo discutido.
Es un texto de 20 páginas y 287 parágrafos que muestra algunos tímidos
avances en materia de reconocimiento de derechos, pero insiste en un
modelo único de desarrollo sostenible que no incorpora la diversidad
cultural y se resiste a reconocer a la Madre Tierra como sujeto de derechos.

El documento insiste en los tres pilares del desarrollo sostenible
(económico, ambiental y social) acordados hace veinte años y que no han
hecho sino profundizar la crisis, al enfatizar el pilar económico para
definir las políticas ambientales e ignorar el pilar social.
Textualmente, el documento apenas reconoce "la diversidad natural y
cultural del mundo" y "que todas las culturas y civilizaciones pueden
contribuir al desarrollo sostenible". Los pueblos indígenas planteamos
la incorporación expresa del pilar cultural, a fin de garantizar el
reconocimiento de todas las visiones y prácticas de desarrollo, en
particular las de aquellas culturas que, aunque diversas, nos
identificamos en un modelo de diálogo y armonía con la Madre Tierra.

Particularmente grave es considerar la minería como una actividad
compatible con el desarrollo sostenible, siendo la minería una de las
actividades más dañinas para la conservación de la Madre Tierra y que
más impactos causa en la vida y la cultura de los pueblos.

Derechos y participación

El documento propuesto por Brasil señala: "Somos conscientes de que el
planeta Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y que la Madre Tierra
es una expresión común en varios países y regiones, y tomamos nota de
que algunos países reconocen los derechos de la naturaleza en el
contexto de la promoción del desarrollo sostenible. Estamos convencidos
de que a fin de lograr un justo equilibrio entre las necesidades
económicas, sociales y medio ambiente de las generaciones presentes y
futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza".

Es decir, los Estados siguen resistiéndose a reconocer a la Madre Tierra
como sujeto de derechos y a adoptar, en consecuencia, una Declaración
Universal de Derechos de la Madre Tierra, como venimos planteando los
pueblos indígenas en diversos escenarios internacionales y hemos
reiterado en Río+20.

El "hincapié en la importancia de la participación de los pueblos
indígenas en el logro del desarrollo sostenible" y el reconocimiento de
"la importancia de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas en el contexto de aplicación a nivel
mundial, regional, nacional y subnacional de las estrategias de
desarrollo sostenible" solo representarán un avance si este
reconocimiento se materializa en salvaguardas de derechos para todos los
programas de desarrollo sostenible.

En el mismo sentido, el "pleno respeto del derecho internacional y sus
principios" debe incluir, en la práctica, el principio de progresividad.
Nos referimos concretamente al requisito del consentimiento previo,
libre e informado, ya reconocido por el Convenio de Diversidad Biológica
(CDB) y que por tanto debe hacerse extensivo a todo aquello que
involucre a los pueblos indígenas, en todos los ámbitos.

Lo mismo rige para el fomento de la participación de la sociedad civil
en el que insiste el texto presentado por Brasil. Esto debe significar
que todas las instancias de las Naciones Unidas deben crear espacios de
participación para los pueblos indígenas, como existen en el CDB, pero
no solo en calidad de observadores sino con poder de decisión. La
Organización Internacional del Trabajo, por ejemplo, adoptó el Convenio
169 sobre pueblos indígenas y tribales hace 23 años y su estructura
sigue siendo tripartita, sin que se haya creado un espacio para los
pueblos indígenas.

Responsabilidades históricas y con el futuro

El texto reitera el principio de "responsabilidades comunes pero
diferenciadas". Un principio que solo se hará realidad si los países
industrializados y las corporaciones multinacionales asumen su deuda
histórica con los pueblos y la Madre Tierra, acumulada en siglos de
depredación, saqueo, contaminación y colonialismo. Y si se comprometen a
cambiar sus patrones de consumo y su matriz energética basada en los
combustibles fósiles, fijándose también metas reales de reducción de
emisiones de gases de efecto invernadero.

De no ser así, toda declaración acerca de la "diversificación de la
matriz energética", citada en el documento, seguirá siendo un discurso
hueco. Peor aun si se insiste en las soluciones de mercado, como los
proyectos REDD+ a los que alude el texto propuesto.

Glaciares, agua, biodiversidad

El texto propuesto por Brasil reconoce los riesgos que corren los
Estados insulares, pero no señala como una de las causas el creciente
retroceso de los glaciares, a fin de tomar medidas para su protección.
Lo mismo ocurre con el tema de los desastres, porque la desglaciación es
una de sus causas. Los pueblos indígenas planteamos expresamente
declarar la intangibilidad de los glaciares, las cuencas hídricas, los
páramos y las zonas de alta biodiversidad, para que se prohíban en todos
ellos las actividades extractivas.

Esto nos lleva al tema del agua, a la que el documento que se negocia
solo se refiere para garantizar el acceso a los servicios, pero no dice
nada respecto a la indispensable protección de las fuentes hídricas,
porque se sigue considerando al agua como un recurso o un servicio, no
como un ser vivo ni como un derecho universal.

El documento reconoce "la importancia de las prácticas tradicionales de
agricultura sostenible, incluyendo los sistemas tradicionales de
suministro de semillas, incluidas las de muchos pueblos indígenas y
comunidades locales". Y que "los conocimientos tradicionales,
innovaciones y prácticas de los pueblos indígenas y las comunidades
locales hacen una importante contribución a la conservación y uso
sostenible de la biodiversidad, y su aplicación más amplia, puede apoyar
el bienestar social y de medios de vida sostenibles. Además, reconocemos
que los pueblos indígenas y las comunidades locales a menudo dependen
más directamente de la biodiversidad y los ecosistemas y por lo tanto
son a menudo más inmediatamente afectados por su pérdida y degradación".

Sin embargo, no dice nada respecto a la protección de los conocimientos
tradicionales de su mercantilización. Solo reconoce los derechos de los
Estados nacionales sobre los recursos genéticos, pero no que los pueblos
indígenas somos los que más los hemos desarrollado, otorgando alimentos
indispensables para el mundo.

El documento continúa restringiéndose a hablar de "seguridad
alimentaria", pero una propuesta de los pueblos indígenas y de las
mujeres indígenas en particular es garantizar la soberanía alimentaria,
a fin de proteger los recursos genéticos y ejercer el derecho a decidir
que sembramos y qué comemos.

Ciudades y educación

Otro tema es el de las "ciudades sostenibles", en el que el documento no
hace referencia alguna a todo aquello que obliga al desplazamiento de
los pueblos indígenas hacia las zonas urbanas debido a la invasión y
saqueo de sus territorios por la minería y otras actividades extractivas
o megaproyectos como represas hidroeléctricas y grandes carreteras que
impactan sobre nuestros derechos fundamentales.

De manera similar, el tema de la educación es abordado de manera
pobrísima, nuevamente como un servicio y no como un derecho. No se
pueden discutir mejoras curriculares y oportunidades de acceso sin
empezar por plantearnos que la educación debe ser intercultural, desde
la producción de contenidos propios, que no se limiten al bilingüismo
sino que constituyan un camino para lograr la convivencia armónica y
respetuosa entre los pueblos y la reafirmación de la identidad, desde la
defensa de la vida y para garantizar un futuro a las próximas generaciones.

Río de Janeiro, 18 de junio del 2012

- Miguel Palacín Quispe, Coordinador General de la Coordinadora Andina
de Organizaciones Indígenas - CAOI
www.coordinadoracaoi.org


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